SÁNCHEZ, JORGE
Tras haber realizado varios peregrinajes a Santiago, El Camino del Norte era una deuda pendiente para acabar las variantes principales del Camino, pero nunca me decidía a emprenderlo, hasta que un acontecimiento astronómico aceleró el que quisiera acometerlo de inmediato: el 4 de Enero del 2011 hubo un eclipse solar. Ese día era mi cumpleaños, y cuando ocurrió me hallaba viajando en autobús entre Madrid y Zaragoza.
Se dice que un eclipse solar en el día de tu cumpleaños es un suceso único en una vida, es algo que no le sucede a todo el mundo. Un amigo me informó de ello, asegurándome que un eclipse en tu cumpleaños significa que ese año estará lleno de eventos, como el nacimiento de una nueva simiente, y experimentarás un cambio grande en tu estilo de vida.
El Camino del Norte es de por sí solitario, y más en invierno. Esa soledad sería muy beneficiosa pues me proporcionaría la atmósfera necesaria para meditar sobre mi existencia, sobre mi situación actual en la vida, sobre cómo proyectar mi futuro. Durante mi peregrinar tendría el sol, la luna, las estrellas, el cielo, el mar
todo el universo para considerar.
Mi objetivo era conseguir una calma perfecta, armonía conmigo mismo para conectar con mi Yo interior. Debía despertar la fuente escondida dentro de mí donde nace la fortaleza, el manantial de profunda delicia, para que comience a brotar.
Enero en el norte de España es lluvioso, hace frío, cae granizo, nieva y los albergues de peregrinos son escasos y no hay calefacción en ellos. Pero con el transcurrir de los días confiaba en que mi mente se ajustara a esas condiciones. No debía caer en el tedio, que surge cuando no hay nada en nuestro interior. Entonces poderes ocultos empezarán a manifestarse. Es el secreto que me habían enseñado los ascetas del Himalaya en un viaje que realicé a las fuentes del Río Ganges muchos años atrás, donde conviví con ellos en el interior de cuevas.